El conejito que tenía sueño

Conejito durmiendo dentro de un libro madriguera con luces cálidas y elementos mágicos en un paisaje nocturno.

Había una vez un pequeño conejito llamado Nilo que vivía en una pradera llena de flores suaves y hierba verde que se movía lentamente con el viento.

Durante el día, Nilo era el conejo más activo del bosque. Corría entre los árboles, saltaba sobre las piedras del río y jugaba con las mariposas que volaban cerca de los arbustos.

Cuando el sol empezaba a esconderse detrás de las montañas, Nilo sentía algo extraño: sus ojos se volvían pesados y sus saltos cada vez eran más lentos.

Una tarde decidió preguntarle a la tortuga sabia del bosque.

—Señora tortuga —dijo el conejito—, ¿por qué cuando el sol se esconde me entra tanto sueño?

La tortuga levantó lentamente la cabeza y sonrió.

—Porque la noche es el momento en el que todo el bosque descansa.

El conejito miró a su alrededor.

Los pájaros ya estaban en sus nidos.
Los grillos empezaban a cantar.
El viento soplaba suave entre los árboles.

—¿Todos duermen por la noche? —preguntó Nilo.

—Casi todos —respondió la tortuga—. Dormir ayuda a que mañana tengamos energía para jugar otra vez.

El conejito pensó un momento.

Quizá dormir no era tan mala idea.

Esa noche volvió a su madriguera. Su mamá coneja lo arropó con hojas suaves y le dijo con voz tranquila:

—Cierra los ojos, pequeño Nilo. Mañana el bosque volverá a despertarse contigo.

El conejito miró el cielo lleno de estrellas.

Bostezó.

Cerró los ojos.

Y poco a poco, mientras el bosque se quedaba en silencio, el pequeño Nilo se quedó profundamente dormido.

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