Durante el día todo era movimiento.
Los pájaros volaban entre los árboles.
Las ardillas saltaban de rama en rama.
Los ciervos caminaban por los senderos cubiertos de hojas.
Pero cuando el sol empezaba a ponerse, el bosque cambiaba poco a poco.
Primero el viento soplaba más suave.
Después los pájaros regresaban a sus nidos.
Luego los animales comenzaban a buscar sus lugares para dormir.
La pequeña ardilla Lina fue la primera en notar el cambio.
—Creo que el bosque tiene sueño —dijo.
El búho viejo respondió desde su árbol:
—Es porque la noche está llegando.
Los grillos comenzaron su música tranquila.
Las hojas de los árboles susurraban suavemente.
Uno a uno, los animales se acomodaron.
La ardilla en su árbol.
El ciervo en la hierba.
Los conejos en sus madrigueras.
El bosque entero parecía respirar lentamente.
Entonces la luna apareció entre las ramas.
Y con su luz plateada cubrió todo el bosque.
Como si fuera una manta suave.
Y así, poco a poco, todo el bosque se quedó profundamente dormido.